JARDIN INFANTIL MAGICAL REVERIE

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El equipo de trabajo del Jardín infantil Magical Reverie se adhiere al consenso existente entre profesionales de diferentes disciplinas vinculadas con la educación y la atención a la infancia, acerca de la importancia de estimular el cerebro infantil durante el embarazo y, particularmente, durante los cinco primeros años de vida.

Este consenso hoy es prácticamente ineludible si se tienen en cuenta los sorprendentes descubrimientos de las neurociencias que han logrado demostrar que aquellas características que nos hacen humanos, tales como la inteligencia, creatividad, imaginación, incluso aquellas que consideramos de orden espiritual como la moral, ética, fe, solidaridad, y también las que despiertan inquietud acerca de nuestra naturaleza como el odio, la envidia, la maldad, tienen su origen en el funcionamiento de ese órgano prodigioso llamada cerebro.

Las investigaciones también han permitido concluir que el niño nace con un cerebro bastante inmaduro y que una de las causas de dicha inmadurez radica en que los seres humanos poseemos el cerebro más grande entre todas las especies animales en proporción al tamaño del individuo. Esto hace que sea imposible que el cerebro madure por completo en el vientre de la madre ya que, de ser así, la cabeza del  bebé alcanzaría, al término del embarazo, un tamaño tal que haría imposible el parto.

Como consecuencia de este hecho biológico, nuestra especie tiene la infancia más prolongada de la naturaleza, dado que nuestro complejísimo cerebro requiere de un tiempo prolongado para completar su desarrollo, tanto así que el lóbulo frontal,  la parte evolutivamente más moderna del cerebro y, por tanto, la que más nos diferencia de otros animales y la última en desarrollarse en el individuo, completa su maduración hacia los 25 años.

Una larga infancia significa un largo periodo de dependencia; el bebé humano, al momento de nacer, depende por completo del cuidado de algún adulto para poder sobrevivir. En condiciones ideales, es la madre la persona más indicada para proveer al niño de todo aquello que necesita para desarrollarse de manera adecuada. En realidad, tal y como lo refiere el psicoanalista Alfredo Jerusalinsky, el bebé, al momento del parto, sale de un útero físico y cae en un útero emocional.

Mientras está en el vientre, el cuerpo de la madre percibe y da respuesta a las necesidades del feto;  con una precisión increíble los sistemas de regulación biológica del cuerpo materno se sincroniza con los del bebé para detectar sus necesidades y proveer los satisfactores necesarios. Inmediatamente después del nacimiento el vínculo entre madre y bebé se mantiene. En condiciones normales la madre es capaz de traducir y dar respuesta a las necesidades físicas y emocionales del bebé con la misma precisión que lo hacía mientras él se encontraba en el vientre. El cordón umbilical es sustituido por un “cordón emocional” a través del cual ellos intercambian sensaciones y percepciones a un nivel que nadie más puede entender.

El psiquiatra inglés Wilfred Bion denominó Función de Reverie al sentido que les permite a las madres sanas, traducir y dar respuestas adecuadas a las necesidades físicas y emocionales de sus bebés. Tal y como ocurre con otras especies animales, la madre humana debe ser capaz de percibir  el llanto, el tono muscular, la temperatura, el olor, el gorgoreo, los movimientos de las extremidades, la mirada, las expresiones faciales, los ruidos intestinales y cardiacos, la respiración, la sudoración y demás señales fisiológicas de su cría,  interpretarlas, darles un sentido y producir respuestas satisfactorias. Para lograrlo la madre se encuentra en un estado mental de ensoñación (Reverie), que le permite sentir y presentir lo que le pasa a su bebé.

Las neurociencias ya han demostrado que cada estímulo recibido por el bebé induce conexiones neuronales específicas en su cerebro, lo que significa que la manera en que la madre, en primer lugar, los adultos después y los estímulos del ambiente en general incidan sobre el bebé, tienen un efecto directo en la estructuración anatómica de su cerebro: la voz de la madre, incluso desde la vida intrauterina, produce conexiones neuronales en la corteza auditiva; los colores del ambiente las de la corteza visual; un beso, un abrazo, inciden directamente sobre la maduración del sistema límbico, encargado de la regulación emocional, etc.

La disposición emocional y física inducida en la madre por la presencia del bebé, que la orienta a atender sus necesidades, es percibida por ella como amor por él y el alivio sentido por bebé ante los cuidados de la madre, es sentido por él como amor por ella. En este sentido una madre amorosa es aquella que sabe cuidar bien a su bebé, es decir, sabe estimular adecuadamente su cerebro mientras le provee todos los cuidados necesarios para que sobreviva y se sienta satisfecho, entre tanto que un niño amado es aquel que está bien estimulado y satisfecho.

El proyecto Magical Reverie, articula esta serie de conocimientos y crea una serie de servicios dirigidos a atender los dos aspectos que caracterizan y diferencian a los niños y niñas menores de 6 años: la inmadurez de sus cerebros y la consecuente dependencia de los cuidados de los adultos, con el objetivo de exponerlos a los mejores estímulos selectivos dirigidos a favorecer el desarrollo de sus cerebros, mientras se les provee de todos aquellos cuidados que requieren para estar bien.

Conscientes de que en la primera infancia la fuente principal de estímulos, tanto positivos como negativos, es la personalidad de los adultos dedicados al cuidado de los niños, los “estímulos” a los que se hace referencia son objetos pero también actitudes de los adultos. Por ejemplo, alimento cuando tiene hambre, que se le cambie cuando se ha orinado, un abrazo cuando tiene miedo, un juguete cuando está aburrido o cuando le urge usar las manos, un apoyo para erguirse, una respuesta cuando tienen dudas, una mirada cuando quiere comunicarse, un beso cuando quiere sentirse aceptado y reconocido, una historia cuando quiere fantasear, un cómplice para jugar, una sonrisa para sonreír, alguien que lo contenga cuando se enoja, unos brazos que lo acunen cuando quiere dormir, etc.

En consecuencia en el jardin Infantil Magical Reverie se entiende que la disposición absoluta, profunda y sin cortapisas   de los adultos, para comprender y atender las necesidades específicas de la condición de los niños y niñas, constituye  la única expresión posible de legítimo amor por ellos.

En este sentido, desde la perspectiva del cuidador, la propuesta del jardin Infantil Magical Reverie es  la “Pedagogía del Amor” la cual involucra, no solo los conocimientos  específicos en psicopedagogía, medicina, psicología, nutrición, neurodesarrollo de los profesionales del  equipo de trabajo, sino que, además, implica la personalidad completa de cada uno de ellos, expresada en la inclinación amorosa por la naturaleza infantil y su disposición permanente para interpretar el estado físico y emocional del niño, modulando respuestas satisfactorias y acertadas a cada momento.

GRACIAS